sábado, 6 de abril de 2013

Las mentiras de la izquierda

Esta semana, un compañero sacerdote me ha recordado que hace tiempo que no escribo en el blog. Es verdad, los trabajos pastorales no me dejan apenas tiempo para escribir aquí unas líneas. Pero hoy me vuelvo a poner con ello, impulsado por una campaña mediática que han lanzado esta misma mañana en Twitter grupos izquierdosos y que ha llegado a ser trending topic, basando sus argumentaciones en las mismas mentiras de siempre. 

Con la etiqueta #nuevoPAPAnuevasNORMAS, algunos se han atrevido a exigir al papa nuevas normas de comportamiento. ¿Y respecto a qué? Pues lo de siempre: la mentira del dinero. 

A ver si se enteran estos grupos (ya se ve que no leen mi blog, porque de esto hemos hablado ya varias veces) de que la Iglesia no recibe dinero público, sino solo y exclusivamente lo que los contribuyentes le asignan a través de la x de la declaración de la renta. Eso de que la Iglesia, como bien se están encargando de seguir difundiendo en la conciencia de las gentes -¡para que luego digan que nosotros adoctrinamos!-, recibe de las arcas públicas 6.500 millones de euros es totalmente falso: no proceden los presupuestos generales del Estado, sino del IRPF de los declarantes que así lo quieran hacer. Ninguna partida, por tanto, de los presupuestos del Estado, va a la Iglesia católica. Esta se financia única y exclusivamente a través de la declaración de la renta. 

A estos grupos izquierdosos lo único que les gusta es decir que la Iglesia recibe lo que no recibe. Y ellos se olvidan de decir lo que sí pescan de las arcas públicas: 65.800 millones de euros que sí proceden directamente de nuestros impuestos. Quizás habría que crear una nueva etiqueta que diga #MenosSubvencionesAPartidos, o pedir que sean también ellos los que cobren a través del IRPF: ¿cuánto conseguirían? Me atrevo a decir que poco, muy poco...

lunes, 17 de diciembre de 2012

El papa está que trina


Cuando el bueno de Marshall McLuhan dijo en su ya famoso ensayo “La Galaxia Gutemberg” aquello de “el medio es el mensaje” no pensaría que los medios de comunicación, hoy en día, lo iban a llevar tan a rajatabla. Nos referimos al impacto mediático con el que se ha recibido la noticia de la presencia de Benedicto XVI en el universo de las redes sociales. Todos los medios de comunicación hablan de ello, pero dando más importancia al hecho de estar presente, que al mensaje que nos quiere transmitir el Papa. 

La red social del microblogging, esa que permite a sus usuarios mandar sintéticos mensajes a sus seguidores como si fuesen pequeños “trinares” de un pájaro-eso es lo que significa “Twitter” en inglés-, ha puesto a trinar, en el sentido que tiene en la red social, al Papa. Pero ha puesto a trinar también, en el sentido castellano de la expresión, a mucha gente. Algunos están que trinan porque @Pontifex, el nombre de usuario de Benedicto XVI, haya alcanzado el millón de seguidores antes de publicar nada; algunos están que trinan porque los mensajes del Papa son los más leídos de la red; algunos están que trinan porque “Benedicto XVI” es el tema más hablado en la red; algunos están que trinan porque, en definitiva, el papa Ratzinger se ha metido de lleno en el nuevo “continente digital”, tal como él mismo ha definido a internet. 

La Iglesia siempre ha buscado nuevos canales para trasmitir su valioso mensaje: san Pablo con sus cartas; los cristianos del medioevo con pinturas y esculturas; Pío XII con la radio de Marconi y Benedicto XVI con internet. 

Lo anecdótico no es que el Papa esté en Twitter. La noticia no es si Benedicto XVI sabe o no usar un Ipad. Lo sorprendente de todo esto es que el Papa tiene un empeño enorme por anunciar a Jesús, sea donde sea y con los medios que hagan falta. Por ello ha convocado un Año de la Fe y por ello, en este año especial, ha decidido seguir anunciando el mensaje de Jesús en la red de redes. Ojalá esta plataforma sea también un canal idóneo para transmitir el mensaje de la salvación. Santo Padre, por favor: siga trinando. 

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Mulas, bueyes y otros animales

¡Vaya la que ha liado el Papa! ¿No ha tenido otra ocurrencia? Ahora nos obliga a acabar con la tradición de poner en el belén la mula y el buey. Así están dando la voz de alarma algunos medios de comunicación. Algunos de esos medios de información en la que la cultura religiosa brilla por su ausencia. 


Me atrevo a decir que pocos periodistas -por no decir ninguno-, antes de dar esta "bomba" de noticia, han leído la biblia en su vida. Porque si lo hubieran hecho alguna vez se habrían dado cuenta de que en los evangelios nada se nos dice de si en aquel establo de Belén había mulas, bueyes, caballos, gallinas o cerdos. Y es eso, precisamente, lo que ha dicho Joseph Ratzinger en su último libro sobre Jesús de Nazaret "La infancia de Jesús". Y nada de imposiciones a quitar estas figurillas tradicionales de nuestros belenes. 

Y es que, el belén, es eso: una representación de cómo podría haber sido aquella primera noche de Navidad. Y no una reconstrucción científica de lo que pasó, según la biblia nos lo cuenta. Porque, que me digan a mí: ¿dónde se dice que el río de Belén era de papel de plata? ¿O que, por tripas, hubo una lavandera y un pescador frente a ella? ¿O un puente por el que tienen que pasar los reyes magos? ¿O que nevara harina en la Palestina de aquella época? Por no decir que en ningún sitio he visto escrito que haya que poner en un rincón una horrible figura -tengo que decirlo, no me gusta nada- de un cagón enseñando el culo.

El belén de nuestros hogares es una tradición en la que hemos ido colocando elementos que nos ayuden a recrear la escena en la que los hombres empezaron a gustar la salvación. San Francisco de Asís, el primero que "fabricó" un belén, lo hizo con mula y buey. En muchos pueblos de Burgos las figurillas visten con traje castellano. Y en mi casa, los pastores tienen una lucecita roja que parpadea. Algunos periodistas siguen pensando que todo eso es palabra revelada, escrita y trasmitida en los evangelios. Me da a mi pensar que la mula y el buey huyeron del belén... para habitar en las redacciones de ciertos telediarios.

viernes, 24 de agosto de 2012

Ofensas... ¿de quién?

Es verdad que llevo mucho tiempo sin prestar mucha atención al blog. En concreto, nada más y nada menos que tres meses. Pero el artículo que acabo de leer en "El Mundo" me ha vuelto a saltar de la silla y a llevar mis manos al teclado. Y lo hago para exigir a ciertos "colectivos" que no soportan que nadie diga nada contra ellos, que empiecen ellos por respetar a los demás. 

Y es que si para los organizadores de una macrofiesta que se desarrolla en Ibiza -organizada por colectivos gays-, disfrazarse de obispos en tanga o monjas con el culo al aire "no tiene ninguna intención de ofender a la Iglesia católica", que me expliquen qué intención tiene. No hay más que ver las fotografías que publicaba "El Mundo": la que aquí publico es la menos irreverente de todas. 

¿Es que la gente no se sabe divertir si no es mofándose de los católicos? Estos ciudadanos tan "respetuosos" con la fe de millones de españoles son los primeros en protestar cuando son "discriminados" por parte de otras instituciones. Son los primeros que vociferan cuando un obispo dice una obviedad: que dos hombres, por mucho que se lo propongan, nunca darán a luz un hijo. Ese tipo de frases, son para ellos una ofensa, cuando, en realidad, es una sentencia científica de primera. Sus "cabalgatas" de mitras emplumadas son "una manera divertida y respetuosa" para hacerlo pasar bien a la gente. ¡Qué ironía! Pues eso: no hagas a otros lo que a ti no te gusta. 

lunes, 28 de mayo de 2012

De libertad de expresión y otros pecados

Twitteando esta mañana me ha sorprendido ver que, entre los diez trending topics del momento, se encontraba la palabra "Cristo". Como os podéis imaginar, me ha faltado tiempo para pulsar el enlace. Cuando se ha abierto la pagina, no he encontrado testimonios de cristianos, ni jaculatorias, ni oraciones piadosas, sino un diálogo feroz por un juicio a una persona que hace años había cocinado en la televisión la imagen de un Cristo crucificado. 

Inmediatamente me he puesto a investigar. Desde Roma no tenía noticia alguna sobre ello. ABC me ha dado la pista: Javier Krahe será juzgado, a petición del centro jurídico Tomás Moro, por un presunto delito contra los sentimientos religiosos por un vídeo emitido por Canal Plus en el que, metido en el papel de cocinero, este ex compañero de Joaquín Sabina cocinaba un crucifijo, condimentándolo "con tocino y mantequilla". Lo que no entiendo es cómo el diálogo generado en Twitter pretendía defender la "libertad de expresión" de este hombre. Esos voceadores que lo único que pretenden es desacreditar a la Iglesia -sea por el motivo que sea- se contradicen a sí mismos. Sí, porque a cocinar un crucifijo lo llaman "libertad de expresión" y no "atentado contra los sentimientos religiosos". Pero las famosas declaraciones del obispo de Alcalá -sobre las que tanto habla El País- no son "libertad de expresión": esas sí que son una verdadera "provocación al odio, la violencia y la discriminación" a los gays.

Me temo que estamos metidos en un diálogo de besugos. Que el "derecho a la libertad de expresión" se manipula a nuestro antojo. Hoy todo el mundo puede ser juzgado por cualquier cosa y declarar que tiene "libertad de expresar su propia opinión". Pero libertad de expresión no significa poder decir "lo que me da la gana". Hay que hacerlo siempre respetando el otro, y sin faltar a la verdad. Y decir que el vídeo del señor Krahe no es un atentado contra los sentimientos religiosos creo que es una falacia como un templo. Decir que las declaraciones de Plá "incitan al odio" me parece, cuanto menos, descabellado. Pero tendré que ser muy cauto al hacer cualquier tipo de declaración sobre homosexuales. De todas formas, si ellos se ofenden por mis palabras, siempre me podré defender: me acojo a mi "libertad de expresión". 

sábado, 19 de mayo de 2012

Vaticano, cartas secretas y ETA

Quiero comenzar este post pidiendo perdón: hace muchas semanas que no escribo nada. Sin embargo, algo me ha empujado hoy a hacerlo. Se trata de la incompetencia periodística de quien ha escrito una noticia aparecida en "El Mundo". El periodista, ni corto ni perezoso, titula su noticia: "El Vaticano califica de 'acto criminal' la revelación de su documento sobre ETA". 

Para quien no sepa de qué va el asunto, intentaré resumirlo brevemente. Se trata de lo que algunos vaticanistas han denominado Vatileaks -como un paragón con el Wikileaks americano-: la fuga de documentos secretos, de cartas personales, de asuntos privados del Papa y de la Santa Sede que han acabado en las manos de algunos periodistas, que no han dudado en hacerlos públicos con tal de "aparentar" ser buenos profesionales. Digo "aparentar", sí, pues parece que lo único que se busca es el escándalo y el ganar dinero, como ocurrirá con el último libro de Gianluigi Nuzzi que recoge esta serie de documentos (en la foto). 

Ante tal escándalo, no es de extrañar que la Santa Sede haya decido expresar públicamente el rechazo ante tales acciones. Para el Vaticano no se trata de un trabajo periodístico, sino de un verdadero "acto criminal". Y lo critica porque "han violado los derechos personales de intimidad y libertad de correspondencia" de todas las personas implicadas. Hasta aquí tiene razón el periodista del que hablamos líneas arriba. 

Pero uno que lea el comunicado en profundidad, se dará cuenta de que las declaraciones no hacen referencia a los documentos sobre ETA, sino a todos. Esto que hace el periodista es un claro ejemplo de atribuir la respuesta vaticana -general- con el caso de la banda terrorista -en particular-, en un intento por meter en la mente de los lectores que la Iglesia se opone a un supuesto proceso de paz; que la Iglesia se puede arrogar el derecho de meterse en cuestiones políticas de nuestro país. Quizás un titular diciendo que la Santa Sede muestra su malestar por la publicación de documentos secretos no crearía noticia. Por eso parece que es mejor inventárselas. Sí, porque el Vaticano no ha criticado la revelación de "su documento" sobre ETA. ¡Bravo! La profesionalidad periodística brilla por su ausencia.

jueves, 26 de abril de 2012

Consejos vendo que para mí no tengo

El otro día me sorprendió leer en una noticia que Elena Valenciano, la vicesecretaria general del PSOE, pedía a la Iglesia católica aplicarse el cuento y echar una mano para solucionar la crisis. Supongo de antemano que sabréis qué tipo de comentario haré en esta ocasión. Porque sí, una vez más los socialistas sentencian delante de la opinión pública: "Consejos vendo que para mí no tengo". 

Interpelada por los periodistas sobre las declaraciones que el cardenal Rouco había hecho al iniciarse la XCIX Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal -por la que pedía "espíritu de sacrificio" ante el "endeudamiento exagerado" que vive el país, fruto de la codicia-, la Valenciano ha respondido con su dedo acusador: "La Iglesia católica seguramente pueda echar una mano, más allá de lo que hace como institución". 

Y digo yo: ¿con qué cara tan dura se puede afirmar esto? ¿Qué institución hay en España que esté haciendo más por la crisis que la Iglesia católica? Hoy mismo, por ejemplo, leía en "El Mundo" que la Iglesia ayudó el año pasado a encontrar trabajo a más de trece mil personas, bien contratándolas en sus cooperativas o en sus centros de inserción, bien intermediando para que otras empresas lo hicieran. Mientras, la Valenciano, piensa de ayudar a superar la crisis de muchas familias endeudadas, quizás restregándoles que ella cobra sueldos por los seis cargos que acumula en el PSOE. 

Y yo, como Iglesia católica, recibo un sueldillo de apenas seiscientos cincuenta euros, que destino íntegros a pagar mis estudios en Roma. Y otros compañeros sacerdotes hacen equilibrios para pagar la gasolina que les lleva a sus cinco o seis pueblos y las facturas de gas, luz, agua y teléfono. ¡Ah! Se me olvidaba. También tienen que comprar de vez en cuando algo para comer. Y entre factura y factura, sacan tiempo para buscar trabajo y acompañar espiritualmente a la gente que ciertos políticos han dejado en la calle. Una vez más, se corrobora el refranero popular: por la boca muere el pez. Y Elena Valenciano ha mordido su propio anzuelo.